Los Trastornos del Espectro Autista (TEA) Por Juana Castañeda

 

 

Se habla de Trastornos del Espectro Autista (TEA) en plural porque no solo es el autismo como comúnmente se conoce, es una serie de trastornos en el desarrollo neurológico del niño que presenta cuatro características definitorias:


1.- Incapacidad del niño para relacionarse con las personas.

2.- Dificultades en el desarrollo de la comunicación.

3.- Dificultades en el desarrollo, la expresión y la comprensión del lenguaje.

4.- Resistencia a los cambios ambientales.

 

 

Dentro de los TEA, según el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV) se encuentran:

 

a.- Trastorno autista que se caracteriza por una notable afectación en el desarrollo de la comunicación verbal y no verbal, retraso o ausencia en el desarrollo del lenguaje, incapacidad para establecer relaciones sociales y emocionales prefiriendo actividades en solitario.  Presenta patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidas, repetitivas y estereotipadas, así como inflexibilidad a los cambios. Se pueden observar respuestas exageradas a estímulos sensoriales, por ejemplo un elevado umbral para el dolor, hipersensibilidad ante los sonidos o al contacto físico, reacciones exageradas ante la luz o los colores, también una ausencia de miedo como respuesta a peligros reales y un temor excesivo como respuesta a objetos no dañinos. Estas alteraciones se presentan antes de los tres años de edad, ya sea porque exista un retraso en su desarrollo o por un inadecuado funcionamiento, se presenta en los varones con mayor frecuencia que en las mujeres, sin embargo, las mujeres autistas son más propensas a experimentar un retraso mental más grave.


b.- Trastorno de Rett, se presenta cuando existe un retraso de habilidades ya adquiridas tras un periodo de funcionamiento normal después del nacimiento. Los sujetos presentan un desarrollo psicomotor normal durante los primeros 5 meses de vida, en el nacimiento la circunferencia craneal también se sitúa dentro de los límites normales. Entre los 5 y los 48 meses de edad el crecimiento craneal se desacelera y entre los 5 y 30 meses de edad se produce una pérdida de habilidades manuales previamente adquiridas. El interés por el ambiente social disminuye en los primeros años posteriores al inicio del trastorno.  Se establecen alteraciones de la coordinación de la marcha y de los movimientos del tronco, también existe una alteración grave del desarrollo del lenguaje expresivo y receptivo, con retraso psicomotor grave.  Tiene su inicio durante el primero o segundo año de vida, el trastorno persiste a lo largo de toda la vida, y la pérdida de habilidades suele mantenerse y progresar, solo ha sido diagnosticado en mujeres.


c.- Trastorno desintegrativo infantil, el niño presenta una pérdida de habilidad adquiridas hasta los dos años y antes de los diez años de vida.  Se observa un déficit en las relaciones sociales y de comunicación, presentando características del trastorno autista, en la mayoría de los casos dichas deficiencias se presentan a lo largo de la vida y suelen ser constantes. En la mayoría de los casos el inicio del trastorno se presenta entre los tres y cuatro años de edad, pudiendo ser gradual o repentino, siendo mas común en varones.

 

d.- Trastorno de asperger, este trastorno  presenta alteraciones significativas en las áreas social y laboral del niño, se observan alteraciones en el desarrollo del comportamiento presentando actividades e intereses restrictivos, repetidos y limitados, pudiendo tener retraso en el desarrollo motor que suele quedar de manifiesto en la edad escolar, pero a diferencia del trastorno autista no existen retrasos importantes en el desarrollo del lenguaje ni en el desarrollo cognitivo, así como tampoco en las habilidades de autocuidado propias de la edad.  Este trastorno tiene su inicio posterior al trastorno autista, es decir, después de los tres años de edad; ya que el trastorno es continuo a lo largo de la vida en la edad adulta se suele tener dificultad para relacionarse socialmente, y debido a la información limita que existe, se considera que es mas frecuente en varones.

Los primeros indicadores de los TEA se pueden presentar durante el primer año de edad, ya que el niño no es capaz de seguir la mirada de otro u observar hacia donde otro está mirando, presenta poco o nulo interés en el juego cooperativo y en la relación con sus iguales.  Tienen dificultad para interactuar con la gente y prestan poca atención a estímulos visuales.  Debido a su limitada capacidad de simbolización presenta poco juego creativo y dificultades para leer las expresiones faciales, tales como el uso de la mirada, el uso de gestos como la sonrisa, la tristeza o el enojo, por lo que no hacer uso de ellas para comunicarse o conseguir lo que quieren.

A la adquisición del lenguaje son capaces de reproducir literalmente un dialogo, pero son incapaces de utilizar adecuadamente los patrones de entonación adecuada al expresarse, suelen referirse a ellos mismos en segunda o tercera persona y utilizar “neologismos”, es decir, palabras que solo tienen significado para ellos.


Los niños con TEA tienen conductas y patrones repetitivos, por lo que pueden pasar horas en una actividad sin sentido aparente o presentar movimientos motores en forma rítmica.  Así también, debido a su inflexibilidad mental son resistentes a los cambios ambientales, por ejemplo, a la modificación de los muebles, adornos o color de paredes de los lugares que habitan, también suelen presentar hipersensibilidad a los estímulos visuales o táctiles, presentando una respuesta exagerada a éstos; por lo que algunos autores sugieren que los niños con TEA suelen ser mas propensos a trastornos de ansiedad y depresivos.


Debido a que se desconocen las causas que provocan los TEA se piensa que éstos pueden desarrollarse en la gestación ya que se sabe que algunas partes del cerebro se desarrollan de manera diferente en estos trastornos, pero también existe una hipótesis que pudiera indicar que los TEA son hereditarios o existe otra que indica que son causados por algunos alimentos ya que son metabolizados diferente a lo común, lo cual provoca alteraciones en las funciones cerebrales.


Por lo tanto los TEA no se consideran una enfermedad que pueda ser adquirida o contagiada, o desaparecer con algún medicamento, tratamiento terapéutico o alternativo.  Las posibilidades que existen en la actualidad solo son para brindar una mejor calidad de vida a los sujetos con algún TEA, las cuales consisten en la utilización de algunos medicamentos para controlar las conductas o los problemas de atención en los niños, programas de ayuda para que aprendan a controlar su conducta y a desarrollar habilidades adecuadas de socialización con otros, así como programas de educación a los padres, familiares y maestros para que conozcan más sobre los TEA con la finalidad de comprender y actuar adecuadamente cuando sea necesario.


En caso de sospecha de que el niño presente algún trastorno, ya sea por herencia o cambios en la conducta es importante acudir con los especialistas, ya que entre mas temprano sea diagnosticado podrá recibir una atención adecuada y podrá mejorar su calidad de vida, según sea el caso.

 

 

                                                                                          Juana Castañeda López 

 

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Tips para Preescolares por Fanny Franco

 

 

La disciplina no es un castigo. La disciplina ayuda a que los niños aprendan a comportarse de manera adecuada para su edad y su nivel de desarrollo.

Los niños NUNCA deben sentirse amenazados ni temerosos. Debemos enseñarles con amor y respeto.

 

 

 

 

 

El preescolar

Los padres y maestros esperamos que los berrinches se pasen a partir de los dos años, pero los berrinches no desaparecen necesariamente a partir de esa edad, por el contrario los niños preescolares entre 3 y 5 años presentan dificultad para manejar la ira y la frustración. Ya que no tiene una regulación de sus emociones y por lo tanto el "berrinche" es parte de la expresión de sus sentimientos y emociones, debemos guiarlos para aprender a manejar y expresar adecuadamente sus emociones. La afectividad infantil es muy cambiante. También es muy frecuente que utilicen sus propios estados afectivos para llamar la atención de los adultos o para vencer su voluntad ante las negativas u órdenes.

 

En esta etapa, no hay una relación causa-efecto como en los adultos. No es extraño que pequeñas causas provoquen grandes alteraciones o grandes satisfacciones, es por esto que tanto padres y maestros de preescolares debemos tener claro que nuestro deber es siempre cuidar los mensajes que les damos y cómo se los damos.

 

Podemos mejorar mucho su autoestima y autosatisfacción enviándoles con frecuencia mensajes positivos. Esto será siempre útil para el presente y para el futuro.

 

Un preescolar olvida fácilmente los malos momentos cotidianos que no le dejan señales afectivas, únicamente le quedarán en su memoria los sucesos que le ocasionan grandes penas, grandes alteraciones o grandes alegrías.

 

Los niños muy pequeños no tienen razonamiento suficiente, ya que están aprendiendo y necesitan algún tipo de intervención por parte de los adultos que los oriente o proteja. A veces los niños lloran o hacen berrinches porque están enfermos, o tienen hambre, sed, o mucho calor; o están muy cansados, demasiado estimulados, o se sienten abandonados. Los adultos debemos reconfortar a los niños y evitar que se sientan incómodos, tratando de satisfacer sus necesidades físicas y emocionales. Cuando un niño muy pequeño se porta mal, las formas básicas de disciplinarlo son: LA

SUPERVISIÓN, LA DISTRACCIÓN Y LA REORIENTACIÓN.

 

 

A continuación les comparto Tips Generales para el manejo de preescolares.

Es recomendable a partir de los 3 años, seguir estas estrategias:

 

 

1. Establecer límites. El establecer límites de manera coherente ayuda a que los niños se sientan tranquilos y seguros.

 

• Reduzca sus expectativas a los términos más básicos y sea constante. (por ejemplo: "Sé bueno con tu amigo").

• Use instrucciones positivas con un tono amable (por ejemplo: "Por favor guarda tu juguete ahora mismo").

• Cuando le pida algo, hágalo de forma positiva (por ejemplo: "Por favor, habla en un tono más bajo y calmado", en lugar de decir: "¡No grites!").

• Siempre ofrezca advertencias y avisos.

• Use las palabras "cuando" y "entonces" como un aviso sobre algo, en lugar de emitir amenazas. (Por ejemplo: "Cuando termines de tomar la leche, entonces podrás ir a jugar").

 

 

2. Ignorar. Algunos comportamientos que no son peligrosos para el niño o para los demás deberían ser ignorados (por ejemplo: el tono quejoso, el discutirlo todo, el usar malas palabras, o el tener algún berrinche). Si usted no ignora algunos de estos comportamientos, se la pasará corrigiendo al niño y le estará prestando atención a comportamientos negativos en lugar de positivos.

 

Sé que es difícil ignorar a los niños, por lo cual estas son algunas pautas que se pueden seguir cuando uno está tratando de ignorar ciertos comportamientos:

 

• Evite discutir o mirar al niño a los ojos cuando este presentando la conducta a ignorar.

• Aléjese del niño, pero permanezca en la habitación.

• Decida cuáles son los comportamientos que usted puede ignorar.

• Distraiga al niño haciendo algo que le guste compartir con usted (por

ejemplo: "¿Que hay en este libro?").

• Alabe un comportamiento positivo (por ejemplo: "Me gusta mucho

cuando en vez de gritarme me explicas por qué estás enojado").

 

 

3. Enseñar las Consecuencias. A veces los padres y maestros le pueden enseñar al niño a no repetir un comportamiento negativo si le advierten o le avisan lo que le puede pasar como consecuencia de su acción. Cuando la seguridad del niño está en peligro, este método no debe ser usado.

Siempre hay que explicarle al niño cual es la conexión entre su comportamiento y las consecuencias.

 

Las consecuencias siempre deben de ser respetuosas, relacionadas y razonables.

 

 

4. Pérdida de privilegios. Cuando un niño tiene edad suficiente para entender que se le quitará un privilegio, si continua comportándose mal, esto puede ser una experiencia instructiva:

 

• Le ofrece al niño la opción de controlarse o de perder un privilegio y le enseña que sus opciones o sus acciones tienen consecuencias.

No es justo quitarle un privilegio a un niño si no se le ha advertido sobre cuáles van a ser las consecuencias.

 

 

5. Tiempo Fuera: Consiste en apartar al niño de los demás o de la actividad por un periodo de tiempo limitado y esto permite que el niño recuperar el autocontrol y también le permite al adulto recuperar su propio sentido de autocontrol.

 

Es muy importante ser muy cuidadoso en su uso ya que se recomienda un entrenamiento previo para tener la capacidad de saber cuándo es el momento adecuado para utilizarlo y no que no sea nuestra base de la educación del niño.

 

Un mal uso puede alterar la autoestima del niño o dañar la relación que tenemos con él o ella, y si no lo aplicamos adecuadamente NO va a cumplir su objetivo y solo estaremos confundiendo y alterando la autoestima del niño.

 

• Nunca use el tiempo aparte con niños menores de dos años.

• Elija un lugar donde el niño pueda recuperar el control y calmarse.

• Sea selectivo y decida cuál o cuáles son los comportamientos negativos que indican que el tiempo fuera es un método apropiado.

• Decida el período de tiempo en que el niño estará aparte y comuníqueselo al niño. (Comúnmente se utiliza 1 minuto por años que tenga)

• Empiece a contar el tiempo después que el niño se haya tranquilizado por lo menos por un minuto. Es importante darle al niño cierta práctica para que aprenda a calmarse y a recuperar el control.

• Use las palabras "si" y "entonces" para dar las advertencias, y sea constante. ("Si no te quedas en silencio, durante 3 minutos, entonces esta noche no podrás ver la televisión.)

• Cuando el niño haya cumplido su tiempo fuera, hay que buscar oportunidades para enseñarle comportamientos positivos (por ejemplo: "José busquemos una mejor manera de demostrarle a Pedro que estás enojado con él, en lugar de pelear").

 

Es importante tener en cuenta el nivel de desarrollo del niño al aplicar el tiempo fuera. Así como dar la retroalimentación para que el niño comprenda porque estuvo en tiempo fuera y darle en ese momento las opciones que tiene para solucionar el conflicto o problema.

 

 

                                                                                                    Fanny E. Franco Dávila

                                                                                        Psicóloga Clínica y Educativa

                                                                                                                 @psicología_si 

 

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